Hace unos meses decidí retomar ciertas cosas. Esas cosas eran caminar un
poco más, trotar algunas veces, como también jugar fútbol de una a dos veces por semana.
Me costó un poco tomar el ritmo, pero
poco a poco empecé a acostumbrarme, y me estaba yendo muy bien. Pero hace unas
semanas, Papá enfermó, y estuvo casi dos semanas en la UCI y eso hizo que todos
nos abocáramos a él y a la circunstancia. Todo giraba en torno a mi padre.
Estaba tan dedicado a eso que suspendí el ritmo que llevaba, me ausenté unos
días del trabajo en la Iglesia y mis cosas personales.
Cuándo papá dio señales de mejora,
decido regresar a Maracaibo, y un jueves por la noche, decido ir a jugar y a
retomar el ritmo. La sorpresa fue que, al iniciar el juego, a los cinco
minutos, estaba agotado y ahogándome, como si estuviera meses sin jugar. Esto
fue por la inactividad que tuve por más de una semana, y aunque yo quería dar
más, mi cuerpo no aguantaba el ritmo del juego, no tenía las condiciones.
Es increíble que con sólo una semana de
inactividad sucedan estas cosas.
Y hablando
de inactividad. ¿Sabías que una vida sedentaria es la fórmula perfecta para
desarrollar enfermedades? Alguien sedentario tiene mayor riesgo de desarrollar
enfermedades cardíacas y diabetes, incluso sin importar la dieta ni el peso de
la persona.
Pero cuando se
tiene una vida activa, cuando mantenemos un ritmo, sucede obviamente todo lo
contrario, vivimos de forma más saludable.
Lo mismo sucede en la vida cristiana.
Mientras más activo estemos espiritualmente, mejor nos irá. Y mientras más
inactivo, sucederá todo lo contrario.
Pero hay momentos que en el camino, en
tu andar diario, sientes que bajas la velocidad, empiezas a sentir que las
cosas no son iguales, el desánimo toca la puerta de tu vida y sin darte cuenta
se instala sin que le demos permiso, y es en esos momentos donde hay un
bajón espiritual en tu vida y las cosas empiezan a cambiar.
Quizá dirás: Sí yo soy uno de
esos. He sentido que me cuesta mantener el ritmo y me estoy agotando. Las cosas
no están saliendo como esperaba y estoy empezando a frustrarme. Siento que
estoy perdiendo el ritmo que había adquirido.
Y nos decimos: Quiero mantener el
ritmo, pero… ¿Cómo hago para evitar ese sedentarismo espiritual? ¿Cómo
hacer para mantener un ritmo espiritual balanceado?
Y si estoy en un sedentarismo
espiritual ¿Cómo hago para salir de allí? ¿Qué debo hacer para desarrollar y
mantener el ritmo espiritual en mi vida?
La buena noticia
es que en la Biblia hay una respuesta. Quiero compartir un texto bíblico con
ustedes que nos dará las herramientas para mantener el ritmo.
“Por tanto, también
nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos,
despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia,
y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos
la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe…” Hebreos 12:1-2 NVI
Debemos entender es que la vida
cristiana no es una carrera de 100 metros planos. La vida cristiana es un
maratón y en una maratón no hay que quedarse parados, ni andar corriendo
desenfrenadamente, hay que mantener un ritmo ideal, y es lo que Dios desea para
nosotros, y de esa forma terminar bien.
Si vamos a hablar de maratón
espiritual, de mantener un ritmo, debemos ir a los especialistas en
la materia, y aprender de ellos. La Biblia les llama los héroes de la fe, son
aquellos que alcanzaron buen testimonio y esto nos enseña que para mantener el
ritmo es necesario
1.
Considerar quienes alcanzaron buen testimonio.
“Por
tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de
testigos…” Hebreos 12:1ª NVI
Para
comprender de lo qué se trata, necesitamos retroceder un poco al capítulo
11. En este capítulo de Hebreos, contiene
una larga lista de personalidades que usted quizá conoce. Personajes como
Moisés o Abraham. Y otros que quizá no conoce. Pero todas tienen una cosa en
común. Todos tenían una fe
inquebrantable en Dios
que no estaban dispuestos a dejar ir.
1.1 Considerar
su fe.
“Es,
pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos”. Hebreos 12:1 RV60
¿Qué
me enseña esto?
No
necesito ser perfecto para seguir a Dios, necesito creerle a Dios.
Que
sí tengo fe en Dios, y lo demuestro con una vida dependiente me irá bien
1.3 Considerar
sus circunstancias
“Por la fe Moisés, ya
adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios
a disfrutar de los efímeros placeres del pecado”. Hebreos 11:24-25
¿Qué
debo considerar?
Las
circunstancias que viva, las debilidades y el pecado no son razones para
abandonar, sino para seguir.
1.4 Considerar
sus victorias
“¿Qué más voy a decir? Me faltaría
tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los
profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y
alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las
llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se
mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros”. Hebreos
11:32-34NVI
¿Qué
nos enseña esto?
Cuando
padezca, debo recordar que otros también padecieron, y negarme a rendirme. Debo
recordar que si ellos vencieron, entonces yo también puedo vencer.
Estos testimonios nos motivan
a vivir por la fe, pero también a deshacernos de cosas innecesarias.
2. Aligere su equipaje.
“…despojémonos
del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos
con perseverancia la carrera que tenemos por delante…” Hebreos 12:1b NVI
1.1
Del pecado
“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y
justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. 1 Juan 1:9 NVI
1.2
De estorbos
El segundo peso del que nos habla, es el relacionado con dejar ir aquellas cosas
innecesarias. Esta es un poco sutil, pero peligrosa, porque no se trata
necesariamente de pecado pero de igual forma te impide disfrutar de lo que Dios
tiene para ti.
Se podría tratar de algo tan simple como horas
desperdiciadas enfrente del televisor, la internet, algo que le guste pero que
le roba el primer lugar a Dios.
Para mantener el ritmo espiritual, hay un
tercer elemento importante, y pienso que es más importante que los primeros dos,
ya que los dos dependen de este. Y es que para mantener el ritmo en la vida
Cristiana es necesario enfocarnos en Jesús.
3. Enfócate en Jesús.
“Fijemos
la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe…” Hebreos
12:2 NVI
Antes
de seguir avanzando, note lo que él no dice que mantenga sus ojos en un evento, actividades, una buena conducta otro tipo de cosas que le puedan venir a la mente. Es únicamente
cuando usted mantiene los ojos en Cristo y solo en Él que usted encontrará la
fuerza y la motivación para resistir esa maratón llamada vida Cristiana.
Ya
que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo
sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no
en las de la tierra. Colosenses 3:1-2
NVI
Mientras más enfocados estamos en lo
espiritual, menos nos preocupamos por los problemas terrenales.
Muchas personas pudieran estar en sedentarismo
espiritual y no darse cuenta.
El
medio para medir la vida espiritual es su relación y compromiso con Dios.
Lo que quiero es conocer a Cristo y
experimentar el poder de su resurrección. Quiero compartir con él sus
sufrimientos. También quisiera ser como él en su muerte," Filipenses
3:10 PDT
Imagina
por un momento, cómo pudiera o debiera ser tu vida si aplicaras a diario estas
tres cosas. Tomaríamos mejores decisiones, manejaríamos mejor nuestra vida, fuéramos
mejores padres, esposos, hijos, trabajadores.
Disfrutaríamos
de lo mejor de Dios, de los mejores beneficios, de las mayores victorias.
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